viernes, 11 de mayo de 2012

¿DE QUÉ SE RÍE, BOUDOU?


Sonatina de Rubén Darío. "El Descuidista está contento, ¿qué tendrá El Descuidista?".
¿De qué se ríe, Boudou?escribe Carolina Mantegari
Editora del AsísCulturalespecial para JorgeAsísDigital
Como narradores y poetas, Humberto Costantini y Mario Benedetti mantienen ámbitos comunes de pertenencia. Por la reconocida maestría en el coloquialismo urbano. Por cierto realismo tradicional, aún rescatable. Sobre todo por el fenómeno unificador, entre la obra literaria y la ciudad.
Montevideo, para Benedetti. Buenos Aires, para Costantini.
Ambos maestros también interpelaron el mero acto de reír. Benedetti lo hizo en “¿De qué se ríe?”.
Es una “Letra de Emergencia” transformada, con astucia, en canción. Fue magistralmente interpretada por Nacha Guevara (ver el video ilustrativo).
Por su parte, Costantini interpela la risa burlona, en el dramático monólogo “¿De qué te reís?”. Adquirió el formato del cuento impecable, en primera persona. Ver “Una vieja historia de caminantes” (CEDAL).
Por suerte, los extintos Costantini y Benedetti nada tienen que ver con el vivo Amado Boudou. Ni desde el punto de vista vital, ni .menos- ideológico. Salvo que, a la distancia, desde la estética parecieran interpelarlo. Al verlo reírse tanto, respetuosamente Benedetti podría preguntarle.
¿De qué se ríe, Boudou?“Señor vicepresidente, ¿de qué se ríe?”.
En confianza, canchero, conocedor de personajes semejantes, Costantini podría preguntarle:
“¿De qué te reís?”.
Agregaría, acaso, el adjetivo descalificador. Como aquel que le estampó Ergueta a Erdossain, en la novela de Roberto Arlt.

Sonatina

¿De qué, y de quién, se ríe Boudou?
Es la gran pregunta. La sociedad aún reclama la respuesta.
Al contrario de la princesa de Rubén Darío, en la “Sonatina” de Boudou, “El Descuidista está contento”.
“¿Qué tendrá El Descuidista?”.
Se lo puede ver radiante en el Salón Blanco. En cualquier acto televisado, con o sin cadena.
Al lado, en general, de Nuestra César. La Protectora. Siempre cerca. Sin perderle nunca el hilo sisal de la mirada.
Ella es: “La que te puso, no te olvides, yo te elegí”.
Se lo aclaró durante la explicable rabieta. Por lengua larga. Después de tildarlo “El Concheto de Puerto Madero”.
Aunque, cuando todo termine, si salen bien del presente verso, ambos serán consorcistas del mismo edificio.
¿De qué se ríe, Boudou?En la Sonatina, El Descuidista depende totalmente de Nuestra César.
No está a tiro de decreto pero está a tiro de mirada. Basta con el olimpismo del gesto. Para que deje de reír.
Pero Nuestra César instruyó a los bonzos de la escudería cristinista. Para que salieran, aunque de mala gana, a defenderlo. Con convicción profesional. Con la fuerza del argumento equivocadamente inapelable.
“Hoy vienen por Amado y mañana vienen por mí”.

La recomposición

¿Se ríe, acaso, El Descuidista, porque zafó? ¿Salió del paso?
¿O se ríe con tranquilidad porque sabe que es un hombre naturalmente dotado por la suerte?
Al Pasadiscos de Sobremonte, en la vida, le fue bien. Veneración y felicitaciones. Ejemplo para inspirar a los inquietos atorrantes del suburbio.
Ríe, contagiosamente, el señor vicepresidente, porque logró torcer la tendencia decisoria. Aludía a la recetada “Línea Máximo”. Compartida, según nuestras fuentes, por Zanini.
El recurso pragmático de pedir una licencia.
“¿Me van a dejar caer?, ¿a mí? ¿por esto?”, cuenta la Garganta que soltó El Descuidista.
No reía cuando, según las fuentes, soltó el mensaje doliente.
“Si me dejan caer yo…”.
¿De qué se ríe, Boudou?Triunfó, providencialmente, la sensatez. Dejarlo caer podía representar un imprevisto moral.
Entonces El Descuidista heroicamente se pudo recomponer. Costó. Fue al frente. Se batió solo.
Por lo tanto merece reírse. Porque le salió a la perfección aquel monólogo desastroso, que se tergiversó como “conferencia de prensa”, ante periodistas de látex.
Cuando deslizó delaciones ponderables. Describían, explícitamente, el estado de patológica excepción espiritual que se apoderó de la república corroída. Dormida, indignada y en banda.
Con un jefe de fiscales que todos creían históricamente intachable. Pero que, en el relato de El Descuidista, mantiene un estudio prestigioso, de donde pretendían anexarlo. Incorporarlo a la cartera de clientes. Ayudarlo porque “era nuevito”.
Con un presidente de la Bolsa de Comercio, siempre listo para aplaudir en el Salón Blanco, que le ofrecía amablemente la changa de hacer “un número”.
Con un Juez Federal que, en principio, “quería ayudar”. Después de componer un denso tratado sobre el Holocausto, el jurista iba a ser arrojado a las fieras, como cualquier cristiano medieval. Por la inveterada traición de diez mensajitos de texto.
Si se le pregunta cuánto costó, desde el punto de vista ético, iluminar los mensajitos, el señor vicepresidente, con seguridad, va a volver a reírse.
Eficiente Cooperativa de Crédito de 25 de Mayo.

La impunidad

Probablemente El Descuidista se ríe porque se cree totalmente invulnerable. Intocablemente impune.
Ríe porque se la puso hasta a los senadores de la oposición. Pero se ríe sobre todo porque Pichetto -pobrecito- tuvo que salir a batirse, por su honor.
Por el honor en el que nadie, en el bloque, cree.
Ríe El Descuidista, con infinita alegría, porque se la puso al “duhaldismo residual” de La Boldt.
Y porque se la puso también a la prensa hegemónica, a “la mafia de Magnetto”. Y hasta se la puso al “astrólogo” del Asís Digital.
Como tiene a Nuestra César de su lado, se nos ríe en la cara porque lo hizo volar al doctor Righi.
En su decadencia, Righi pasó, de ser expulsado por Perón, a caer en desgracia por El Descuidista. Para sucederlo, acaso, por un fan. Otro de los subyugados por la magia de la guitarrita. Con el pelo al viento que cautivó a Durán Barba, que tanto influye en Nuestra César.
¿De qué se ríe, Boudou?Se ríe con ganas Boudou porque, a aquel Juez Federal de los mensajitos, lo despacharon para otras causas. Para que aprenda.
Sólo le falta hacerse al Fiscal. Pero según nuestras fuentes ya está por caer. Nadie más va a cometer la osada infamia de investigarlo.
Se comprende finalmente que El Descuidista tenga multiplicadas razones, después de todo, para reírse. Porque los billetes de cien pesos ya se cocinan en las parrillas de Ciccone.
A través de Vandenbroele, de Nariga y The Old Fund, El Descuidista puede -si aún no dominar el mundo- llevarse a la Argentina por delante. A los panzazos y las carcajadas.
Se ríe El Descuidista porque está eufórico, optimista y pleno, envidiablemente feliz. Sin importarle el hartazgo que crecientemente genera. Junto a Nuestra César. La arrastra. Pobre.
El señor vicepresidente se ríe porque es un vivo. En la sociedad de los giles que quieren ser vivos.
Ríe porque es el auténtico ganador. Debiera provocar la masiva admiración de los perdedores.
Carolina Mantegaripara JorgeAsisDigital.com
Permitida la reproducción sin citación de fuente.
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miércoles, 9 de mayo de 2012

PARA ANIQUILAR A SCIOLI

“Cristina, Mauricio y Daniel” (II)


La dinámica destructiva del cristinismo.
Sin rumbo, pero con énfasis.

escribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, especial
para JorgeAsísDigital





“Ninguno de nosotros hubiera soportado lo que soporta Scioli”, confirma la Garganta, con admirable resignación.
Cualquier dirigente peronista sensato, levemente normal, ya hubiera reaccionado ante el cotidiano esmerilamiento.
Ante la obscena frontalidad de los Kirchner. En los avances devaluatorios sobre Scioli.
El Líder de la Línea Aire y Sol es el osado protagonista del error menos perdonable. Erigirse como perspectiva.
Sin ser aceptado, aún, como “hombre del palo”. Después de nueve años de sumisión.

A Néstor, El Furia, solía atormentarlo que Scioli no registrara las caídas. Los desastres seriales que lo arrastraban, al Furia, y a su escudería, hacia el abismo. Desde donde después emprendía la admirable recuperación.
Y Cristina, Nuestra César, aún hoy suele atormentarse también con Scioli. Más, incluso, que el marido extinto.
Aparte de haberle estampado escenográficamente la perversión de Gabriel Mariotto, como compañero de fórmula, Cristina no vacila en cercarlo. Con los “pedidos de informes”. O con las humillantes desautorizaciones, Los desaires públicos, cruelmente televisados.
“Cualquiera de nosotros la hubiera rep...” prosigue la Garganta.



Sacarle el aire. La 10 y C5N

Para aniquilar a Scioli, Nuestra César llegó al extremo de forzar la transferencia de la Radio 10. Y del complemento televisivo. C5N.
La llegada de Cristóbal López, hacia el casino de las grandes ligas mediáticas, no es sólo consecuencia explícita del cansado desprecio de Cristina hacia Daniel Hadad, El Fenicio.
Un sentimiento (el desprecio) recíproco.
Ya que El Fenicio, según nuestras fuentes, prefiere ver, a La Presidente, lejos. De ser posible sin poder. Por ahora consiguió el objetivo nimio de liberarse de ella.
En cierto modo, a El Fenicio le salió bien. Se le dio de manera ventajosa la liberación económico-cultural. A los Eskenazi, en cambio, les salió mal. Ampliaremos.

La irrupción de Cristóbal, como flamante zar, se debe a la necesidad inconfesablemente política de Tía Cristina. De despojarlo, a Scioli, del aire tonificador. Del canal de comunicación más eficaz. El instrumento que le permitía marcar las diferencias de estilo, que –pobrecita- la desequilibraban.
Rulos ilusorios

El proyecto irracional, que signa la dinámica devastadora del cristinismo, consiste en aniquilar al gobernador de la “provincia inviable”.
Es el ensayo de orquesta de Buenos Aires. El escenario de la batalla sustancial.
Es también la prueba de “la regla de tres simple”. Garantiza el intento de permanencia del “modelo” de Cristina. La constatación que complementa la regla.
Indica que Cristina es el único modelo posible. Rulos ilusorios del 2015.
“Si queremos, sacamos la reelección con una mano atada a la espalda” se ufanan.

La virulencia del avance, del avasallamiento irresponsable, permite tratar el litigio pintoresco de identidad. El duelo de barras.
Entre los figurines de La (Agencia de Colocaciones La) Cámpora, que mantienen de máximo estandarte al clavel de Mariotto, y los peronistas melancólicos de La Juan Domingo. Los que se fueron a cuidar la retaguardia, entre los paredones de Los Toldos. Atemorizados por el sistema de violación contranatural del cristinismo. Por su obsesión enfermiza por aniquilar al que se diferencia. Y se mantiene, lo más grave, en las encuestas.

Ya no basta con lacerarlo. Hacerle travesuras “Ya hay que ir por Scioli”, confirma la Garganta.
Para aproximarse a la utopía de “la Cristina Eterna”.
Así deban contemplar el riesgo de prestarle la provincia a Mariotto. El caudillito de Llavallol que emerge, hacia afuera, en la cancha grande, como el Victorio Calabró del nuevo siglo.
Pero “en la chica”, en las reuniones sin estruendo, hacia adentro, Mariotto se abrevia. Se muestra solidariamente dócil. Receptivo.
Sobre todo cuando a Mariotto alguien le dice: “No te conviene asumir el rol de golpista. De desestabilizador. Te queda mal”.

Entre los figurines conspiradores de La Cámpora, y la melancolía subyacente de La Juan Domingo, hoy pasan, casi inadvertidos, los peronistas pirandellianos. Los “Sin techo”.
Son los disidentes que vegetan, en la búsqueda de un conductor. Lo encuentran, mientras tanto, para pasar la adversidad, en Francisco de Narváez, El Roiter. Es el magnífico artesano del desperdicio electoral.
Pero El Roiter Narváez mantiene, entre los atributos, el valor reconfortante de la insistencia. Aparte de la billetera cautivante. De quien dista de destacarse, según nuestras fuentes, por su generosidad.


El misterio de la presencia ausente

Con su misterio positivista, de frente y siempre para adelante, con “fe y esperanzas”, el Líder de La Línea Aire y Sol aún suele alterar la voracidad ingenua del cristinismo.
Exhibe Scioli sus dotes extrañas para el ejercicio de la lealtad. Para mostrar la extraordinaria fortaleza de su aparato digestivo. Le permite evacuar, sin mayor inconveniente, los guisos frecuentes de Sabattella. Las mayonesas de De Jesús. Las ensaladas diarias de Mariottos y los orejones de Garrés, al natural.

Para colmo, Scioli les instala otro misterio insoportable. La presencia indirectamente ausente.
Está en las paradas de cadena nacional. Celebra las imposturas en los actos. Se abraza con los pares. Pero simultáneamente no está.
Basta un paso fugaz por su rostro televisado para constatar su incomodidad. Que está “en otra”. Por ejemplo durante la euforia triunfalista de la expropiación de YPF. Aunque incluso, oralmente, salga a apoyarla. Trasciende que es un modo de usurpación que nada tiene que ver con él.
Aparte, hasta la limitación física acude en su beneficio. La imposibilidad que lo absuelve, incluso, hasta del aplauso.

El atributo misteriosamente simultáneo -el de estar presente y al mismo tiempo ausente-, lo supo enloquecer, a menudo, a Néstor.
En su desconcierto, El Furia lo obligó a hablar, a Scioli, hasta en el acto más catastrófico de la historia del peronismo. Desde el Congreso, el día anterior al voto “no positivo” de Cobos. Sin embargo la sociedad le facturó la derrota exclusivamente a Kirchner. Para Scioli fue gratis. Fue otra derrota que se llevó de arriba. De garrón.

Igualmente tampoco la sociedad lo registró a Scioli, como derrotado, durante el papelón de las “candidaturas testimoniales”. (El Portal contó que Kirchner, desmoronado, al día siguiente, le arrojó el Partido Justicialista por la cabeza, a Scioli, que estaba entero, casi radiante).

Con mayor impaciencia, con la ansiedad que no controla, y que la condena, Nuestra César hereda el tormento del marido extinto.
Sobre todo al percibir que, pese a los diarios hostigamientos, a las acciones destinadas a aniquilarlo, Scioli la acompaña igual. Con fe y con esperanzas y siempre para adelante. Se le obstina en las muestras agobiantes de lealtad, con la columna vertebral de plastilina y la piel de cuero. Hacia quienes no lo aceptan. Lo desprecian. Y tratan, con instrucciones presidenciales, de aniquilarlo.

Final con fotografías

Para desequilibrarla a Cristina, basta que Scioli aparezca fotografiado, en Clarín, con Sergio Massa.
O con pantaloncitos cortos, junto a Macri, el Niño Cincuentón, tercer vértice del triángulo de protagonismo.
O basta con la trascendencia de un diálogo telefónico con Moyano.
O más recientemente, con la imagen sonriente de Scioli junto al Presidente Santos, de Colombia.
Justo un día después que Santos se despegara, frontalmente, de la euforia patriótica que “viene desde el sur”. Y les dijera a los empresarios, para colmo españoles: “En Colombia no expropiamos”.
Son reglas de juego que faltan en el “PP País Paria”
(cliquear). Donde, por los horrores estratégicos del cristinismo, “va a costar varios lustros recuperar la credibilidad pulverizada”.
“En la Argentina que está desastrosamente mal, pero entusiasmada”. Con candorosa euforia. Sin rumbo, pero con énfasis.

Oberdán Rocamora
continuará/manténgase conectado
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domingo, 6 de mayo de 2012

EL SOCIALISTA SUBESTIMADO


   
Con Hollande, triunfan las ilusiones 
 y crece la incertidumbre europea  

escribe Jorge Asís   
                  
               
              “Me hago responsable de la derrota”.
              Conmueve Nicolás Sarkozy, y en realidad cuesta rebatirlo. Tiene razón.
              Tanto para la primera como la segunda vuelta, su campaña fue un desastre sistemático. Facilitó el explicable triunfo de Francois Hollande, el socialista menos relevante y más subestimado.
              “El compañero de Segolene”, Su ex, la madre de sus hijos. Segolene Royal, un cuadro político superior, perdió oportunamente ante Sarkozy, en 2007.
               Hollande, como Jerry Lewis, fue “el tonto del batallón”. Sólo mantiene en común, con Mitterrand, anterior y único presidente socialista, el nombre Francois.
               Pero Hollande demuestra que no debió ser tan subestimado. Fue un error, en principio, de los figurones, los dinosaurios del Partido Socialista. Desde Laurent Fabius a Lyonnel Jospin. E incluso hasta Martine Aubry y Jack Lang. Sin olvidar a la propia Segolene. Referentes que nunca lo consideraron a Hollande, y que hoy deben sorprenderse con la certeza del poder. Que se les viene, invariablemente, encima, con secretarías y ministerios. Otra vez “la fuerza tranquila”. O “el futuro es hoy”. Consignas saludables que se arrastran desde 1981, ocasión del primer triunfo socialista de Mitterrand, cuando García Márquez y Cortázar creían que llegaba plácidamente la Revolución a “La France”.

                
             Marine, la lideresa de la “droite”
                Pero sobre todo Hollande fue penosamente subestimado por su rival. Sarkozy aseguraba, y hasta llegó a convencernos, que iba a masacrarlo a Hollande, en el segundo turno.
                No obstante el tonto del batallón fue Sarkozy. Se puso más a la derecha de lo necesario. Derrapó en sobreactuaciones innecesarias, destinadas a capturar los votos de Marine Le Pen.
                Es –Marine- la reticente (con Sarkozy) y especulativa dirigente que sobrepasó largamente a Jean Marie, su padre. Hasta transformar a la extrema derecha nacionalista en una alternativa presentable. Votada, incluso, hasta por los proletarios. Y hasta por inmigrantes rápidamente afrancesados que ya no tienen mayor interés en que nuevas oleadas de inmigración hagan peligrar las evoluciones conquistadas.
                La vida, al fin y al cabo, es también una porquería. Con solidaridades más livianas de las que se reclaman.
                Hoy Marine ya muestra su perfil favorable de ganadora. Habla y pontifica con la certeza del protagonismo estratégico. Sobre todo con los tropiezos de un nuevo gobierno de la “gauche” ella se imagina con un porvenir venturoso. Anciano y desprestigiado Jacques Chirac. Diluido Dominique de Villepin. Aniquilado, en la lona, Sarkozy.
                Para desgracia del euro, Marine emerge como la Lideresa de la “droite”.  
 

                Bastille, algarabía e incertidumbre

              Algarabía triunfal en la Place de la Bastille. Claveles rojos.
              Dolor y resignación en la Place de la Concorde.
               Incertidumbre, sobre todo, en Europa. Por su destino mediato.
               Sin embargo crece, casi irresponsablemente, la esperanza. El triunfo del socialista  Hollande significa un rotundo rechazo continental a la implacable política de austeridad. La que intentaba implantar la señora Angela Merkel, la canciller de Alemania, el país principal que motoriza la Unión Europea. Y aliada, inevitablemente, a Sarkozy, el presidente que acaba de merecer la espalda de la sociedad francesa. Que le niega la reelección, como si fuera un Jimmy Carter cualquiera.
               Detrás de la esperanza que representa Hollande, hoy aprovechan, para colarse, otros esperanzados que se especializan en el desánimo. De la magnitud de Mario Monti, estampillado como tecnócrata, Primer Ministro de Italia. De Pasos Coelho, del devaluado Portugal. Y hasta del acosado derechista Mariano Rajoy, de España, la entidad sumida en la plenitud espectacular de la reducción, humillada repentinamente por la Argentina y Bolivia. También Rajoy prefiere anotarse en la expectativa que genera la victoria del socialista subestimado. Y ni hablar de la multiplicación de los pesimistas de Grecia, que recuperan también atisbos de ilusiones. Y de tantos adictos a la ideología del crecimiento sin esfuerzo. A la vigencia inalterable del estado de bienestar. Al mantenimiento de las conquistas envidiables de sus sociedades. Que aún no encuentran, infortunadamente, quien se las financie. Y no basta con denigrar “La utopía del recorte”
(cliquear), que impulsa la señora Merkel, la mala de esta triste historia.
 

                Patologías

                La historia del siglo veinte marca que, cuando los países se confabulan en contra de la estrategia de Alemania, el final es, en general, horriblemente escatológico.
                Debe confiarse en que se conserve suficiente memoria. Como para no confrontar, en exceso, con una política signada por las claves del rigor.

                Después de todo, Ángela Merkel ya descontaba que Sarkozy, su socio, iba a naufragar. De manera que debió apresurarse para tomar en serio las bases de algunos planes delirantes “para el crecimiento”. Sin –claro- el más irrisorio esfuerzo. Y destinar algunas decenas de miles de millones de euros en el espejismo semejante.
                 Las sociedades europeas también presentan, en el fondo, patologías colosales. Si no son similares, son parcialmente equiparables a la lejana patología Argentina.
                 Habría que aclararlo antes que salga Tía Cristina para capitalizar las crisis foráneas. En beneficio de su relato y de su interpretación pintoresca del fenómeno.

                 La Argentina se encuentra desastrosamente mal, pero entusiasmada. Incentivada con eufóricos patriotismos que suelen instigar al frenesí del contagio.
                 En Europa, con la victoria de Hollande, el socialista subestimado, se agrava la crisis colectiva. Pero con esperanzas.
                 En ambas geografías se asiste, en definitiva, al  triunfo reconfortante de la ilusión.
                 Nacionalista expropiador, en nuestra zona. Socialista ingenuo, de clavelito rojo, en Francia.
                 El entusiasmo eufóricamente argentino, y la esperanza europea mantienen el mismo destino de paredón. El choque, irremediable, contra la realidad. Con el agravante, en la Argentina, de las anteojeras pavorosamente nacionalistas que instigan a desperdiciar el momento favorable para nuestro país en banda.
                 La huida previsible de los capitales de europeos sensibles, hoy razonablemente asustados, procuran lugares seguros para guarecer sus billetes. Y multiplicarlos.
                 Una lástima.
                                                                                     


                                                                                     

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lunes, 23 de abril de 2012

LA SUERTE DE GARDEL


TEMAS DE DISCUSIÓN (I): Frondizi y Menem. El riesgo de no retirarse a tiempo.
La suerte de Gardelescribe Oberdán Rocamora
Redactor Estrella, especial
para JorgeAsísDigital
“Se mata lo que se ama”.
Oscar Wilde, Balada de la cárcel de Reading.
“Vivir es cambiar, cualquier foto vieja, lo dirá”
Homero Expósito, “Chau, no va más”.
Gardel acertó al retirarse a tiempo. En el momento justo.
De no haberse desmoronado en Medellín, probablemente Carlos Gardel hubiera terminado como cualquier vocalista decadente. Con peluquín y en cantinas lamentables.
El ejemplo de Gardel resulta arbitrariamente útil para proponer el paralelismo a discutir.
Entre los presidentes Arturo Frondizi y Carlos Menem.

La verdad de la realidad

En 1958, al llegar a la presidencia, Arturo Frondizi tenía 50 años. Intentó establecer un modelo de desarrollo verbal. Un país básicamente industrializado, con sofisticadas maquinarias, siderurgia de excelencia y ensoñaciones de petróleo.
Había llegado al sillón de Rivadavia con el apoyo del peronismo excluido. Pero los militares infantiles lo hostigaron con planteos y empujones. Entre tantas histerias, lo echaron por no haber evitado que en Buenos Aires, la provincia inviable, triunfara el peronista Andrés Framini. Fue en 1962.
A los 53 años, al estadista Frondizi se le acababa la epopeya para homenajear. Medio siglo después.
La suerte de GardelEl inconveniente es que el pobre Frondizi no tuvo la suerte de Gardel. Permaneció, en la calle Berutti, 33 años más. Hasta 1995.
Hoy se asiste a la revaloración culposa de Frondizi. Induce hasta a Mauricio Macri -la figura más relevante del macricaputismo-, a proclamarse desarrollista.
Del Frondizi menos tratable, el que se arrastra desde 1962 a 1995, nadie pugna por acordarse.
Para sostener la revaloración, es preferible obviar las décadas largas en que Frondizi intentó influir en la sociedad, con suerte bastante relativa.
Asociado, intelectualmente, al ideólogo Rogelio Frigerio, El Tapir. Juntos  explotaban el peso -aún incipiente- del diario Clarín.
Frigerio bajaba la línea. Fue el impulsor, a inicios de los 70 -y mientras los cadáveres comenzaban a sumarse-, del documento “La única verdad es la realidad”. Base argumental del posteriormente llamado Frente Justicialista de Liberación.
Juntos, Frondizi y Frigerio, retribuyeron gentilezas. Impulsaron el regreso al poder de Juan Domingo Perón.
Perón también tuvo, en cierto sentido, la suerte de Gardel.
Pudo retirarse justo antes que la decadencia lo pulverizara totalmente. Por lo tanto mantuvo su vigencia.
Fue Perón el que eclipsó, en definitiva, a Frondizi.
La suerte de GardelResulta imposible evaluar el periplo presidencial de Frondizi, separado de la tutela hegemónica de quien ocupaba fabulosamente la centralidad. Perón.
El verdadero ocaso político de la dupla Frondizi-Frigerio distaron de producirlo aquellos militares equivocadamente limitados de los sesenta.
El final de la gravitación les llega, en nuestra versión de la historia, casi 20 años después. En los inicios de los ochenta.
Cuando el contador Héctor Magnetto, con 36 años, junto a Marcos Cytrynblum, de 42, se las ingeniaron para unificarse y embarcar, en la cruzada liberadora, a la señora Ernestina de Noble, de 55. Para la tarea titánica de expulsar de Clarín a los desarrollistas que se creían los dueños del “ideario” del diario. Es la verdad de la realidad (y es el trasfondo de “Diario de la Argentina”, novela de 1984, aún imperdonable, suscripta por nuestro director, y que posiblemente Sudamericana se atreva, alguna vez, a reeditar).

La soledad de Berutti

No obstante, la partida de defunción de 1981 fue insuficiente. Aún Frondizi insistiría durante 14 años más. Recluido, solitariamente, en su departamento de la calle Berutti. Era visitado por muy pocos amigos presentables. Por ejemplo había un amigo incondicional, de magnitud irigoyenista. Don Andrés Amil.
Fue Amil quien llevó al cronista hasta Berutti. Donde persistía el Frondizi menos analizable que nada tenía que ver con el Frondizi que hoy revalora Macri. Como lo valoró Duhalde. Junto a la formidable legión de re-descubridores que lo reconfortan, ante los contemporáneos que supieron brindarle la espalda.
La suerte de GardelPara el cronista, Frondizi es el anticipo ilustrativo del destino que la política suele depararle generalmente al intelectual. El destino de la soledad. Con el apoyo hacia las posiciones exactamente opuestas a las que le brindaron legitimidad.
En los últimos años de su aventura existencial, Frondizi se ubicó mucho más a la derecha de lo necesario. Como si aplicara el apotegma de Wilde, se dedicó a demoler los fundamentos de su grandeza. Con una lacerante proximidad con los chupadores de cirios que protestaban contra el divorcio. Y entreverado sigilosamente con los militares descontentos con las imposturas humanitarias de Alfonsín. Sucesores, aunque de rostros pintados, de aquellos militares trágicos, y en simultáneo infantiles, que le hicieron 23 planteos.
Pero es preferible olvidar los detalles del ocaso. Para conformarnos con las tesituras que entusiasman a Mauricio. Y que sensibilizan, incluso, hasta a los que conspiraron, en su momento, para desalojarlo.

Menem y el recetario de Oscar Wilde

A través de sus posiciones escandalosamente paradójicas, Carlos Menem admite la equiparación con la parábola de Frondizi.
Menem fue gobernador de La Rioja antes de los 43 años. Fue presidiario del montón a los 46. Pero Presidente desde los 59 hasta los 69.
La suerte de GardelProtagonista fundamental, apostó por la modernización cultural de la economía.
Domingo Cavallo, durante cinco años, fue su Frigerio.
Juntos, Menem y Cavallo dieron literalmente vuelta el país del atraso circular. Transformaron el país donde todo, invariablemente, siempre termina mal.
Por si no bastara, en su plenitud, Menem trató, ilusoriamente, de imponer la Reconciliación Nacional.
Habrá que aguardar, acaso, otro medio siglo para revalorarlo. Como con Frondizi.
Cuando se despejen las vengativas turbulencias de nuestra tradicional inmadurez.
En un sentido estricto, la epopeya de Menem concluyó en diciembre de 1999.
Cuando le entregó la banda presidencial a Fernando De la Rúa. Ante el entusiasmo de un sector de la sociedad cansada.
Menem, como Frondizi, tampoco tuvo la suerte del retiro de Gardel. O, en cierto modo, de Perón.
Prefirió arriesgarse valientemente a encarar la aventura de la declinación. Para insistir con la dinámica de la vida políticamente cotidiana.
La suerte de GardelY dedicarse, para permanecer, a demoler la obra realizada. Como si siguiera aquel recetario poético de Oscar Wilde.
Preferible es “guardar el caño”. Corresponde olvidarse de los episodios banales. Menores. Olvidarse de la caricatura que persiste.
Para quedarse con el legado de aquel Menem de los 90. El que va a ser tomado como ejemplo. Por los próximos Mauricios que broten, irremediablemente, en la posteridad.
Oberdán Rocamorapara JorgeAsisDigital.com
ContinuaráManténgase conectado.
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viernes, 20 de abril de 2012

PP. PAÍS PARIA


EDITORIAL: El cristinismo, con la expropiación de YPF, recupera la iniciativa y ocupa la totalidad del escenario.
PP. País Pariaescribe Jorge Asís
especial para JorgeAsísDigital
“Comprá acciones de YPF, mirá que la jugada va a salirles bien”.
“Después que Cristina anuncie los 15 mil millones de dólares para invertir en Vaca Muerta, ¿de qué te vas a disfrazar, Turco?”.
“La pone la Exxon. La traen los chinos. También quieren poner los franceses de Total”.
Merced al braguetazo expropiador de YPF, el cristinismo recupera, peligrosamente, la iniciativa. Para ocupar, por definitiva vez, la totalidad del escenario.
Y captar nuevamente, sin mayor esfuerzo, la extrema misericordia que aún se reconoce como “la oposición”.
Sorprenden, por izquierda, con la medida brutalmente estatista. Justo cuando se encontraban más acosados por derecha. Derivaciones de las catástrofes ceremoniales de la corrupción de amateurs. Encarada por los Descuidistas que dejan los dedos pegados.
Consecuencia, casi absoluta, del abuso prepotente de impunidad. Que los habilita, incluso, hasta para ser desprolijos.

“Por todo”

PP. País PariaFrenarlos, impedir que vayan “por todo”, es una alucinación de dipsómanos inofensivos.
Con el control total de los organismos que debieran controlarlos.
Con los resortes de la justicia encapsulada.
Con la desfachatez de los juicios para cualquier irresponsable que ose investigarlos.
Y con la favorable contabilidad parlamentaria. Puesta, democráticamente, al servicio del “modelo”. De “crecimiento con inclusión social”.
¿Cómo, entonces -y por qué- no ir “por todo”?
Si en la práctica ya tienen las partes considerables, del “Todo”, en el bolso.
Y la efectiva coacción del 54 por ciento. Estático en una realidad dinámica.
Se les resiste, apenas, la gran prensa lacerada. La que, paradójicamente, resultó fundamental para que los controladores impusieran su hegemonía.
Si también doblegan la prensa, bastará, tan solo, con apagar la luz.
Pero se les resiste, felizmente, un apreciable sector de la sociedad absorta. Perpleja, ante el espectáculo de los altibajos. Sociedad signada por el oportunismo cada vez más perceptible. Por la incoherencia de sus representantes. Por las tergiversaciones infantiles. La manipulación notoria.

El legitimador

PP. País PariaLa cuestión que hoy el cristinismo se recupera y junta.
Compila el rostro duro, lícitamente incinerado, de Julio De Vido. Con la desmesura juvenil del rostro nuevo para incendiar.
Axel Kicillof, El Gótico, emerge en auxilio de la década que representa De Vido. De ningún modo llega para desalojarlo.
Es -Kicillof- el economista conceptualmente articulado que oxigena el plantel de funcionarios rendidos. En liquidación orgánica. Espiritual. Cultores de la mala praxis. Ni siquiera se hacen responsables de los desastres que supieron generar.
A través de la retórica saludablemente innovadora, Kicillof, El Gótico, dilata la vigencia de lo viejo.
Legitima, en el fondo, todo aquello que ya fracasó. Y que se brinda el lujo impune de fracasar porque no queda nada, ni nadie, enfrente. Lo suficientemente vivo como para señalarle la magnitud del fracaso.
El Gótico emerge, en definitiva, como el pulmotor que les proporciona la respiración asistida a los funcionarios que no podían más.
Los que se mantienen, sin convicción, atornillados en sus puestos. Para no ir, acaso, presos (una manera de decir, porque en la Argentina, por esta mala praxis, no se va preso).
PP. País Paria“De aquí te vas muerto o en cana”, confirma la Garganta que Nuestra César le dijo, de todos modos, al funcionario agobiado que pretendía partir. Por alegado cansancio moral. Por enfermedad pretextada.

Pelotón

La mala praxis estalla con la expropiación de YPF. Desde Nuestra César para abajo.
Todos se inculpan, en la práctica, con las recriminaciones que se les lanza a los depredadores de España.
Dista de constituirse el pelotón de fusilamiento para los culpables. Porque son, metafóricamente, los que integran el pelotón.
No vacilan, en todo caso, con fusilarse, cotidianamente, a sí mismos.
¿Qué se puede hacer con el director que, en nombre del estado, convalidó “el vaciamiento” de YPF?
Premiarlo, acaso, como a sus superiores Cameron y De Vido.
Para que quede registrado ante el pelotón de la historia, por última vez diremos, sin solemnidad, y casi con desparpajo, que gracias al cristinismo, y a la oposición complementaria, Argentina ya es un PP.
País Paria.
Repetimos, sin muecas de gravedad. “Costará alguna década larga reconstruir la credibilidad pulverizada”.
PP. País PariaEl dictamen aprobatorio del senado nos marca el consenso democrático para la irresponsabilidad.
La vocación, magníficamente colectiva, por el suicidio.
El Descuidismo, al fin y al cabo, triunfa. La Patria Descuidista avanza. Avasalla.
Ponerse enfrente no es ningún acto de coraje. Es de ridículo.
“Entonces, gil, vendepatria, ¿vas a jugarte por los Gallegos de Repsol?”. “Si se la llevaron a paladas”.
“¿Qué ganás, Turco?” (reproche que llega desde el twitter).
¿Y si les sale bien?”. “¿Te vas a disfrazar otra vez de Obispo?”.
“Avivate, Turco, comprá acciones, se vienen semanas cargadas de euforia. Y te van a pasar, con la euforia, por arriba”.
En el PP. Dolorosamente.
Jorge Asíspara JorgeAsísDigital,
y quien quiera reproducirlo.
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jueves, 19 de abril de 2012

GÜNTER GRASS, POETA ALBOROTADOR


FERIA DEL LIBRO(I): El Premio Nobel declarado Persona no Grata por Israel.
Günter Grass, poeta alborotadorescribe Carolina Mantegari
Editora del AsísCultural,
especial para JorgeAsísDigital
Aunque inspirado generalmente en la narrativa, o en la ficción implícita de las “memorias”, Günter Grass es uno de los tres exponentes más calificados del innovador intelecto alemán, en el ámbito del pensamiento.
Junto, por ejemplo, y arbitrariamente, a Eugen Drewermann, el teólogo y psicoanalista infortunadamente poco conocido en Sudamérica.
Y Ernst Nolte, el ensayista e historiador especialmente revalorado después de la caída de la Unión Soviética.
El intento exitoso de analizar la teología desde el psicoanálisis (ver en “Funcionarios de Dios”, 1994), le produjo a Drewermann litigios fabulosamente inagotables con la iglesia alemana, hoy predominante en el catolicismo.
La aventura de interpretar la llamada Segunda Guerra Mundial, como una mera “Guerra Civil Europea, 1914-1945″, y la imposibilidad de aproximarse hacia la comprensión del nazismo (y del fascismo), separados de las aberraciones stalinistas, hicieron de Ernst Nolte una lectura clásicamente indispensable. Ya desde “El fascismo en su época”, escrito en 1963.
Günter Grass, poeta alborotadorEs el privilegio centralista que también supo alcanzar Günter Grass, pero desde la ficción. A través de “El tambor de hojalata”, 1959, un texto canónico. Y sobre todo a partir de la indagación entre los bajos fondos de su propia vida. Y de las contradicciones de su nación. En especial con “Es cuento largo”, de 1996, también muy consumido en francés como “Toute une histoire”. O sobre todo con las tardías confesiones de “Pelando la cebolla”, de 2006. Sin recurrir a las obras provocativamente críticas de Grass (hasta de la mitificada “reunificación”), es casi imposible aproximarse a la Alemania actual, verdadero motor de una Europa que exhibe sus excoriaciones estructurales.
Mientras “en occidente” suelen desgastarse para aprehender las claves inquietantes de la China que culturalmente amenaza, se distraen ociosamente en la captación de las transformaciones que transcurren en la Alemania de hoy. Como si se le recriminara, persistentemente, a los alemanes por las culpas del pasado. Las que signaron dos caídas en un siglo, tan totalizadoras como espantosas, y que dejaron la factura de millones de muertos. Pero signaron dos renacimientos, también, perfectamente analizables. Y el último, más que admirable.

Las culpas del pasado

Günter Grass, poeta alborotadorEs el pasado que padeció Nolte, revalorado recién en los 90. Y a través de la generosidad intelectual del ensayista francés François Furet.
En “El ocaso de una ilusión”, Furet se permitió la osadía académica, casi la transgresión de citar a Nolte. Más aún, de polemizar con Nolte.
Las discusiones Furet-Nolte, sólo interrumpidas por la muerte de Furet, derivaron en el texto “Fascismo y comunismo”. Un opus editado por el Fondo de Cultura Económica que aún puede encontrarse en español.
Y es el idéntico pasado que aún sufre Grass. Ya que, en “Pelando la cebolla”, del 2006, Grass sorprendió con la revelación de haber sido un militante adolescente del nazismo. Una “mancha” que logró, inteligentemente, ocultarla. Al extremo de consagrarse y merecer, incluso, en 1999, la cara estampilla del Premio Nobel. El que los indignados, por su nazismo iniciático, después pretendieron arrebatarle. Como si el octogenario imprevisible -Grass- emergiera como un émulo oculto de Knut Hamsun. Es aquel prosista noruego que obtuvo el Nobel, en 1920. Hamsun, máxima gloria literaria de Noruega, algún lustro después también se convirtió en portador nocivo del virus del nazismo. Interlocutor, por si no bastara, de Goebbels.

“La hipocresía del silencio”

Si no se le perdonó (a Grass) el nazismo superado de su adolescencia, por supuesto que nunca iban a perdonarle que, a los 84 años, y con problemas cardiológicos, provocara con un poema crítico de estrategia nuclear de Israel. La que amenaza con extinguir -para Grass- la civilización persa.
El poema, titulado “Lo que hay que decir”, ya produjo invariables polémicas en los diversos países centrales. O los piadosamente llamados emergentes. Pero pasó casi inadvertido en el provincianismo cultural de la Argentina. El país ensimismado con sus estremecedores conflictos personales que importan, tan sólo, en el interior de sus fronteras.
Günter Grass, poeta alborotadorGrass, el poeta alborotador (como llamaba García Hamilton al cuyano Sarmiento).
Amonesta, sobre todo, a Alemania.
Por “entregar a Israel otro submarino cuya especialidad/ es dirigir ojivas aniquiladoras/ hacia donde no se ha probado/ la existencia de una sola bomba”.
O sea -para Grass- hacia Irán.
Escribe Grass “harto de la hipocresía del silencio”.
“Coaccionado” por el temor al “antisemitismo”. Como “se llama la condena”.
La sensible inspiración del octogenario poeta alborotador motivó que fuera declarado, por Israel, “persona no grata”. Y estampillado como antisemita. Y que se le reprochara, otra vez, la adolescencia atravesada durante el nazismo, la ideología que coincidió, desdichadamente, con su biografía. Y motivó que hasta el lúcido francés Bernard Henry-Levy no vacilara en tratarlo de “inmoral”. Por ocuparse de las ojivas de Israel, un “pequeño país democrático”, y no, por ejemplo, de las de Paquistán.
Al cierre de este despacho, Grass revisa su deteriorada cardiología en la Clínica Asklepios, de Hamburgo.
Lejos de sumarse a la contagiosa facilidad de su condena, o a la adhesión a su causa, la dirección del Portal decide transcribir “Lo que hay que decir”. El texto que Günter Grass prefirió, caprichosamente, presentar como un poema. El género, para colmo, más próximo y simultáneamente indomable.
Carolina Mantegaripara JorgeAsisDigital.com
permitida la reproducción sin citación de fuente.
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Lo que hay que decir

(Was gesagt werden muss)

Günter Grass

Günter Grass, poeta alborotadorPor qué guardo silencio, demasiado tiempo/sobre lo que es manifiesto y se utilizaba/en juegos de guerra a cuyo final, supervivientes,/solo acabamos como notas a pie de página./ Es el supuesto derecho a un ataque preventivo/ el que podría exterminar al pueblo iraní, subyugado y conducido al júbilo organizado por un fanfarrón/ porque en su jurisdicción se sospecha/ la fabricación de una bomba atómica. / Pero ¿por qué me prohíbo nombrar/ a ese otro país en el que/ desde hace años -aunque mantenido en secreto-/ se dispone de un creciente potencial nuclear,/ fuera de control, ya que es inaccesible a toda inspección?/ El silencio general sobre ese hecho,/ al que se ha sometido mi propio silencio,/ lo siento como gravosa mentira/ y coacción que amenaza castigar/ en cuanto no se respeta;/ “antisemitismo” se llama la condena./ Ahora, sin embargo, porque mi país,/ alcanzado y llamado a capítulo una y otra vez/  por crímenes muy propios/ sin parangón alguno,/ de nuevo y de forma rutinaria, aunque/ enseguida calificada de reparación,/ va a entregar a Israel otro submarino cuya especialidad/ es dirigir ojivas aniquiladoras/ hacia donde no se ha probado/ la existencia de una sola bomba,/ aunque se quiera aportar como prueba el temor../ digo lo que hay que decir./ ¿Por qué he callado hasta ahora?/  Porque creía que mi origen,/ marcado por un estigma imborrable,/ me prohibía atribuir ese hecho, como evidente,/ al país de Israel, al que estoy unido/ y quiero seguir estándolo./ ¿Por qué solo ahora lo digo,/ envejecido y con mi última tinta:/ Israel, potencia nuclear, pone en peligro/ una paz mundial ya de por sí quebradiza? / Porque hay que decir/ lo que mañana podría ser demasiado tarde,/ y porque -suficientemente incriminados como alemanes-/ podríamos ser cómplices de un crimen/que es previsible, por lo que nuestra parte de culpa/ no podría extinguirse/ con ninguna de las excusas habituales./ Lo admito: no sigo callando/ porque estoy harto/ de la hipocresía de Occidente; cabe esperar además/ que muchos se liberen del silencio, exijan/ al causante de ese peligro visible que renuncie/ al uso de la fuerza e insistan también/ en que los gobiernos de ambos países permitan/ el control permanente y sin trabas/ por una instancia internacional/ del potencial nuclear israelí/ y de las instalaciones nucleares iraníes./ Solo así podremos ayudar a todos, israelíes y palestinos,/ más aún, a todos los seres humanos que en esa región/ ocupada por la demencia/ viven enemistados codo con codo,/ odiándose mutuamente/, y en definitiva también ayudarnos.
Posted on 15:08 | Categories: